WhatsApp... ¡Qué guasa!

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Seguro que la mayoría de vosotros tenéis la aplicación WhatsApp instalada en vuestro teléfono móvil. ¿Verdad que si? Yo la desinstalé hace un tiempo cuando me dí cuenta que esta herramienta no se ajusta a la realidad. ¿no me creéis? Ahora imaginemos, por un momento, que las conversaciones que hemos tenido por este medio las hubiéramos tenido en riguroso directo. Francamente, no me imagino a mi madre acercándose a mi para decirme si voy a ir a comer a casa y después guiñarme tres veces el ojo y sacarme la lengua en cuatro ocasiones. ¿Vosotros si? Además, con lo que tarda en escribir una frase, donde el "escribiendo" se me hace más largo que cruzar el campo de "Oliver y Benji" en un día de resaca, me da la sensación que la pobre de mi madre tiene problemas severos de tartamudez. 

Tampoco "compro" el "Buenos días guapo" de mi novia junto con 7 caritas sonrientes. Cuando se despierta conmigo no le puedo hablar hasta que pasa una hora (o dos) desde que se levanta. Recuerdo que una mañana que respondí a ese mensaje con un "Cabrón, devuelve el móvil a mi chica". WhatsApp y pareja es un concepto que no casa. Ahora mismo seguro que una pareja de enamorados dejan su relación por culpa de esta herramienta. Y ahora…. ¡Otra! Y así sucesivamente. A mi primera novia la veía una vez por semana y la llamaba, desde la cabina, otra. Éramos tan felices y libres, que aprovechábamos ese tiempo que teníamos al máximo. ¿Con mi última novia? Le tenía que dar los buenos días, mandarle un "selfie" de mi cara al despertar, una foto de la ropa que llevaría al trabajo, otra del café y la tostada así como justificar la última hora de conexión en caso de que no coincidiera con la suya. ¡Vértigo de buena mañana y con los ojos como un chino del sueño! 

WhatsApp te da esa libertad de decir aquello que piensas pero que en persona te cuesta decir. Al principio de la relación utilizas esta herramienta para decir todo aquello que te molesta de tu pareja, siempre finalizando la frase con un guiño para suavizar el contenido. Yo prefería poner el icono del monito tapándose los ojos. Me parecía tan adorable que si mi novia me mandara un mensaje diciéndome: "Nene, anoche salí, bebí mucho y me lo acabé montando con 4 chicos. Lo siento" y lo remata con el monito, no solo la perdonaría sino que le llevaría unas pastillas para la resaca y un zumo de naranja, recién exprimido. Como os decía, al principio WhatsApp es ideal para esas pequeñas puntualizaciones necesarias en toda relación de pareja. Pero pasa el tiempo, la confianza aumenta y te encuentras un domingo enviando audios de tus pedos a tu novia. Lo peor no es eso, sino que te responde con otra ventosidad, encima es más estruenda que la tuya y todo apunta que huele peor. Juntar WhatsApp con la confianza es como poner piña en la pizza. Da asco, se mire por donde se mire. 

¿Y los grupos de WhatsApp qué? ¿Qué me decís? Que si grupo con los compañeros de colegio que hace 8 años que no ves y te importan lo mismo que el modus de apareamiento del pinguïno , otro con los del trabajo, otro con los del trabajo quitando al pelma de recepción y al jefe, otro con la familia. ¡Ya está bien! Si estáis en grupos de hombres seguramente tendrás más porno en tu móvil que la base de datos de Pornhub, mientras si estás en un grupo de mujeres tendrás miles de fotos de bebés y, los viernes, la imagen de un bombero o policía sexy informándote que ya llega el fin de semana. El resto, paja. A mi me expulsaron de uno de estos grupos por mala conducta y es que cada puto viernes Manolo compartía una imagen de un pivonazo en discotecas o ambientes festivos, añadiendo mensajes como "A darlo todo chavales" o "Hoy reventamos la ciudad". Un viernes, cansado de los aires de grandeza de mi pseudoamigo le respondí: Manolo, jugar al buscaminas mientras bebes sidra a escondidas de tu mujer no es "darlo todo". Y caí fulminado. Manolo, además de calzonazos, era el administrador. 

Me quité de WhatsApp el día que me dejó mi novia. Iba a hacerlo en persona, pero del "tenemos que hablar" al "hay otro" van cuatro frases y ocho emoticonos de enfado o de no entender nada. Y te deja sin monitos ni nada. A pelo y sin vaselina. Al principio tiré de orgullo barriero y puse "estados" que daban entender que estaba rehaciendo mi vida, incluso me ponía fotos de perfil con amigas para que los celos se apoderaban de la chica que aún quería. Pero todo eso era en vano, ella ya era feliz con su nueva adquisición y yo acabé mandando audios con voz triste y prellorosa hasta que fui bloqueado por brasas, y eso en cierta manera fue un alivio por dejar de ver la foto de perfil de mi chica con un tipo, más alto, más guapo y más fuerte que yo. 

Desde que no tengo WhatsApp soy más feliz, aunque ahora no tengo amigos. Me encuentro más desplazado que Mas del sentimiento español. Y eso que a día de hoy la mayoría tienen mensajes y llamadas gratuitas. Pero les cuesta salir más del WhatsApp que de debajo del brasero una noche de enero.

1 comentario:

  1. Que cierto todo lo que dices... Lo hemos hecho tan primordial en nuestras vidas que deshacernos de el es toda una locura. Ojala tuviera el valor de borrarlo yo también.

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